miércoles, 17 de marzo de 2010

Al unisonó, una sola voz se escuchaba entre los estudiantes de comunicación social de VI semestre; la frase reina era: ¿cómo será el profe Pereira? Al compás de este pronunciamiento, iba de la mano la incertidumbre que se convierte en pasos al vacio por todos los pasillos de la universidad en busca de una respuesta que quizá solo el sabio tiempo como lo ha sido a lo largo de la historia, dará la respuesta.

Caminando casi como un caballo desbocado por el afán de llegar a clase, un estudiante de este programa Alexander acelera el paso para lograr concertar la cita que tiene con este profesor visitante de la ciudad de Bogotá. En su mente, miles de pensamientos recorren su cerebro. Nunca antes la ansiedad por conocer un profesor, lo había carcomido de esa manera. Y todo porque un grupo de compañeros de semestres superiores ya había dado referencia del profe Pereira, y la verdad lo que escucho de él no lo había dejado tranquilo, ya que el saber que puede ser mas “duro” o mas “cuchilla” que el mismísimo Revelo lo llevaba a una desesperación tal, que sentía que sus pies le pesaban de tal manera como si se hubieran convertido en un par de ladrillos atados con unos cordones. y que la calle por la cual transitaba se había convertido en una etapa de primera categoría como las del Tour de Francia.

Cuando por fin corono la meta de llegada a la universidad, iniciaba un nuevo reto para llegar justo a la hora de clase. Allí, comenzaba otro reto que superar, en donde el tiempo se convertía en su peor enemigo, ya que cada segundo que pasaba por su vida, quizá para el profesor ya eran varios minutos de tardanza para la entrada a su clase. Al llegar a la puerta, observo gran cantidad de gente que se amontonaba en el lugar, de inmediato se le vino a la mente esas enormes colas que las personas hacían para entregar su dinero a las mal llamadas “pirámides” en busca quizá de un sueño que al final se convirtió en la peor pesadilla de muchos, ya que lo perdieron todo, algunos inclusive hasta la vida.

Cuando volvió a la realidad, recordó que el sistema de entrada había cambiado. Ahora es obligación entrar con el maletín o bolso abierto, para ser revisado, quizá la intención no sea otra más que evitar que algún día en la universidad se presente uno de esos tantos casos que se dan en los Estados Unidos en donde estudiantes armados cometan grandes matanzas por causas que tal vez nunca se sepan; ahora la paranoia se ha convertido en un mal necesario para estas instituciones educativas. Además el carnet en la mano es el pasaporte obligado para recibir la autorización que se otorga a cualquier ciudadano para entrar a un país extranjero. Aquí es para recibir los servicios que ofrece la universidad y ser reconocido legal y moralmente ante la sociedad que se pertenece a una empresa que al igual que todas se financia del trabajo del mismo estudiante o de sus padres.

Al fin sus pasos se alivianan, ya está dentro de la universidad, ahora la tranquilidad toma de nuevo un color opaco en donde la incertidumbre devora la paz que ya sentía y se levanta a dominar por todo su cuerpo una sensación de preocupación, ya que a pesar de que conoce cada rincón de la universidad como si fuera su casa, ahora esta se ha convertido en un castillo con miles de pasajes secretos y miles de metros donde poder esconder a la persona que con tano anhelo se busca. El no saber en donde ubicar al profesor y mucho menos su aula respectiva de clase, vuelve a encaminarse hacia el tiempo su peor enemigo, y ve como los minutos pasan sin que nadie pueda hacer algo por evitarlo. Ahora lo único que pasa por su cabeza es que va a iniciar con el pie izquierdo una nueva clase y que seguro el profe le tomara entre ojos y no dejará pasar esta oportunidad para “montársela” por haber llegado tarde.

Sin otro camino más que seguir, toma la entrada principal para dirigirse hacia el Hall de la universidad, la resignación y el comenzar a buscar la disculpa respectiva, es lo que lo hace escapar un poco de la realidad que está viviendo. Ahora recuerda que no debió hacer alguna de las cosas que hizo antes de ir a la universidad, quizá con eso hubiera ganado algunos segundos valiosos para no llegar tarde.

Sin otra salida más que el regaño por parte del profesor, agacha su cabeza como buscando consuelo en el suelo y toma la decisión de ir hasta la secretaria y preguntar si ya llegó el profesor y en cual aula está dictando su clase.

De repente algo en él llama su atención, frente a la puerta de la universidad se encuentra un sujeto algo sospechoso, que nunca antes había visto por la universidad. Un sujeto con un estilo particular que lo diferencia del resto de personas. Quizá lo más llamativo su cabeza, que pareciera que todo el conocimiento que tiene le hubiera cobrado con parte de su cabello. Inmediatamente un aire de tranquilidad baña todo su cuerpo adolorido por la caminada de la casa a la U. sin medir consecuencias se acerca de manera sigilosa, como si se tratara de un guepardo al acecho de una gacela, garantizando cada paso de aproximación para que la posible víctima no sintiera su presencia.

Al estar lo suficientemente cerca, ve que este personaje saca de su bolsillo derecho un celular, marca un número y espera tranquilamente a que le contesten la llamada, cuando lo hacen se escucha de su voz algo extraña: “hola soy Miguel Pereira, estoy aquí junto a la biblioteca pero no veo a ninguno de mis estudiantes, es que se me hizo un poco tarde e infórmeles que los espero en la puerta de biblioteca; Gracias” al colgar la llamada por fin la tranquilidad que tanto había deseado se convierte en realidad; ya no sería el último en llegar a clase, ahora el destino le daría la oportunidad de convertirse en el primero y porque no en entablar con él, el primer saludo de sus estudiantes.

martes, 2 de marzo de 2010

VIGILANTE DE SUEÑOS.

Cuando el sol está a punto de dejar caer su brillo ante la oscuridad, y las sombras de la noche empiezan a hacer su aparición, para que las calles se cubran de sosiego al amparo de la tinieblas; como es costumbre diaria en Don Juan José, este se arma de un bastón un poco carcomido por el tiempo y las polillas, además de su gorra que siempre lo acompaña en los días de mas frio sobre su cabeza, y una bicicleta un tanto anticuada estilo San tropel, comienza su recorrido diario por el barrio EL PRADO al cual ya le ha dedicado más de 10 años a su cuidado.

Todas las noches él y su bicicleta, toman la misma ruta que segundo tras segundo, minuto tras minuto, hora tras hora, y día tras días han dibujado en el pavimento ya una línea por donde siempre ha de circular en su fiel acompañante silenciosa. Parece como si el asfalto por donde constantemente se transporta estuviese ya señalizado, como un ejemplo claro de que el ser firme en su trabajo ya deja en las calles un recuerdo que jamás se podrá olvidar entre la comunidad del barrio.

Don Juan José, tiene un trabajo de esos que ya no tienen nada que ver con los que hoy en día se exige. Como lo dice el mismo “esto ya no es un trabajo, ya es una costumbre más difícil de dejar que el mismo trago o cigarrillo. Además de ayudar y proteger a la comunidad de aquí del barrio.” Don José se desempeña como celador del barrio, quizá en unos de los trabajos más tranquilos de todos, a la vista de cualquier persona, pero a la vez más exigentes a la hora de afrontar posibles riesgos en la calle.

A Don Juan José la experiencia le ha demostrado que hay que saber actuar ante un posible riesgo o ante una situación de peligro; podemos decir que el ya no es una persona de lucha o de enfrentamiento ante los demás, ya que solo cuenta con 1: 55mts de altura, y un cuerpo que el tiempo y el trabajo de otra época lo ha hecho reducir a casi más de la mitad, ahora ya solo pesa entre 50 y 55 kilos.

Pero no olvidemos que posee un bastón de madera con el cual ha ahuyentado a más de un delincuente que ha tomado la decisión de invadir o entrar en el territorio que Don José cuida. Sin olvidar también el pito con su característica tonada que al zumbar en el aire ya es reconocido por cualquier habitante del barrio.

En algunas ocasiones, Don Juan José utiliza una pinta un tanto extraña, al parecer una persona que conoce de la labor de trabajo que realiza decidió hacerle un obsequio regalándole un uniforme quizá del D.A.S. o del CTI, o cualquier otra entidad de justicia, haciéndolo parecer uno más de las lista de personajes que hacen parte de los cuerpos policiacos de la ciudad.

De igual manera como tiene un sendero ya determinado para echar a andar su vieja bicicleta, también tiene una serie de tonadas que hace con el pito. Esto para los habitantes ya se convierte en una forma de reconocimiento del personaje; además de hacer el mismo ruido a horas determinadas que justifican a las personas que él está ahí y que no ha desprotegido para nada su principal razón social…cuidar y proteger al ciudadano.

A la una, dos, tres de la mañana, son las pitadas más reconocidas de Don Juan José, en donde el sentir el ruido que hace, genera paz entre los habitantes. Parece una paradoja pero es cierto, ya que los vecinos se despreocupan al sentir aquel ruido característico que los alejan un poco de los brazos de Morfeo mientras están en su casa, y saben que nada les podrá ocurrir, mientras que lentamente se dejan atrapar nuevamente entre los brazos de Morfeo para soñar con la tranquilidad que les da Don Juan José.

Definitivamente Don Juan José es uno de esos personajes que causan sensaciones de alivio mucho más seguras a quizá las de la seguridad democrática que ejerce el gobierno, porque es un personaje que se encuentra en la realidad, un personaje que estimula y genera confianza ante los demás y que por sobre todo es guardián de los sueños de los habitantes del barrio EL PRADO.